LA MUSICALIDAD

ChatGPT Image 21 sept 2026, 19 19 33

¿Qué significa realmente tener musicalidad al bailar?

En el mundo del baile utilizamos constantemente la palabra musicalidad, pero no siempre hablamos de lo mismo.

Hacer que determinados movimientos coincidan exactamente con sonidos concretos de una canción no significa necesariamente estar trabajando la musicalidad. Si preparamos de antemano que un movimiento de hombros coincida con un golpe determinado, que un movimiento de torso entre exactamente con el piano o que una figura termine justo cuando aparecen los metales, estamos trabajando sobre una canción que conocemos y hemos estudiado previamente. Eso puede resultar espectacular y ser un excelente trabajo coreográfico, pero es otra cosa.

La verdadera musicalidad debería proporcionar al bailarín herramientas que pueda utilizar con cualquier canción, incluso con una que escucha por primera vez.

Para conseguirlo es necesario aprender a escuchar y comprender la música.

Un alumno debería ser capaz de reconocer la estructura de una canción y entender que no todos sus momentos se bailan de la misma manera. Debería saber cómo desenvolverse durante una introducción, cuándo la música invita más a realizar paseos y desplazamientos y cuándo, al llegar el montuno, puede tener sentido introducir figuras más complejas.

También debería aprender qué es una bomba y cómo reaccionar ante ella; entender la clave y reconocer cuándo se produce un pase o una licencia de clave; distinguir los diferentes ritmos que pueden aparecer, por ejemplo, dentro de una timba, identificar cuándo se producen esos cambios y disponer de recursos para interpretarlos bailando.

Ahí es donde, para mí, comienza realmente el trabajo de musicalidad.

Porque existe una diferencia importante entre enseñar al alumno qué hacer en una canción determinada y enseñarle a descubrir qué puede hacer cuando escucha cualquier canción.

En el primer caso, el profesor proporciona las respuestas. En el segundo, enseña al alumno a encontrarlas.

Y quizá este tipo de enseñanza no siempre sea lo que más llama la atención. Muchas veces resulta más atractivo ver una clase perfectamente preparada en la que cada movimiento coincide de manera milimétrica con cada instrumento. Es visual, sorprendente y produce una sensación inmediata de musicalidad.

Pero enseñar no debería consistir únicamente en ofrecer aquello que resulta más espectacular o aquello que el alumno cree que quiere recibir.

Especialmente cuando hablamos de baile, la función del profesor también debería ser enseñar al alumno a escuchar, comprender y, finalmente, tomar sus propias decisiones cuando baila.

Porque el ofrecimiento no siempre debe corresponder a la demanda.

A veces hay que educar la demanda.